Encontraba Insólito que para el mundo fuésemos drama televisivo y mujeres lindas

Encontraba Insólito que para el mundo fuésemos drama televisivo y mujeres lindas
10/26/2020 Equipo Plaga
En blog

El diseñador gráfico venezolano, creador del proyecto @iconosvenezolanos y actual residente en Madrid, intenta con su trabajo demostrar que el diseño es un pilar más del intercambio cultural, “Una de mis metas es poder diseñar íconos para otras culturas”. 

Por: Babra Fernández M. 

“Somos los migrantes, ladrones de trabajo”, se lee en una gráfica del Instagram personal de Samuel Schoenberger (24). Es venezolano, diseñador gráfico, un poco más viejo que Lele Pons pero mucho más joven que Ricardo Montaner, y actual ciudadano de Madrid.

Por estos días, Samuel se prepara para trabajar en esta plataforma chilena de diseñadores PLAGA.org, ofreciendo parte de su trabajo “Íconos Venezolanos”, proyecto gráfico que retrata objetos y personas culturalmente influyentes de Venezuela, y que encabeza desde el 2015. 

“Recuerdo que una vez leí una tesis donde apuntaban a porqué el venezolano era tan dramático, y era por haber sido criados viendo tantas novelas, es una locura”, señala. 

Reconoce que su país vive tensiones políticas desde hace muchos años y que esas tensiones son la principal razón de la gran ola de migración de venezolanos hacia muchas partes del mundo. Y es en sus nuevos lugares de residencia donde han sido testigos de lo poco y nada que se conoce respecto de su cultura más allá de las telenovelas y las reinas de belleza.

Para Schoenberger, la era digital facilita el contacto entre comunidades a pesar de la distancia. La globalización -dice- es la responsable del intercambio cultural. “Eso a mí me parece que es una de las grandes cosas positivas de la inmigración”, apunta.

CIUDADANO SCHOENBERGER 

Su nuevo hogar está en Madrid y en esa ciudad ha vivido el choque cultural en carne propia.

¿Qué tal Madrid, ha sido difícil la adaptación? 

La palabra no es difícil sino que demasiado nueva. Nunca en mi vida, y tengo 24 años, había salido de Venezuela. He viajado por mi país, he conocido otras culturas dentro del país, pero nunca había salido. Creí que vivir acá iba a ser más parecido a ver una película española, y no. Es muy diferente. Ver a los españoles, caminar sus calles, es enfrentar un choque de culturas, un choque entre el primer mundo y nuestra normalidad. Pero a nivel cultural, todavía lo estoy analizando. Recién tengo siete meses aquí y no he tenido tanto contacto con los españoles directamente como me gustaría. Solo he compartido con españoles, parte de la familia de mi novia, que es venezolana, y la gente que puedo llamar “amigos” son venezolanos que conocí aquí. 

¿Cómo es esta mezcla entre venezolanos y españoles?

Creo que lo que más me impacta es que, a pesar de hablar español, no nos entendemos, y creo que les pasa a los venezolanos en Chile también, por un tema de palabras claves ¡Cómo no me entienden si hablamos castellano! 

Acá he hablado con más ecuatorianos y colombianos y eso me gusta mucho. Me gusta mucho lo diferente que es el latino del europeo, asiático y americano. Me siento orgulloso de ser latino porque digo: wow, es divertido que seamos tan parecidos y a la vez tan diferentes.

Siento que hay mucho potencial ahí, en el intercambio de culturas, de alguna forma estamos haciendo una Pangea, nos estamos integrando muchísimo y no nos estamos dando cuenta. (Pangea: “toda la Tierra”, en griego)

¿En qué se evidencia esa fusión? 

Yo veo el diseño en general muy parecido a la comida, las fusiones gastronómicas, incluso la música, es como el mejor ejemplo de intercambios culturales. Últimamente he probado fusiones asiáticas-españolas. Está raro, pero me parece interesante, probamos una sopa de cayo, que es como cochinillo, pero era un ramen ¡Un ramen de cayo! 

 

LAS DOS VENEZUELAS: LOS TRAPOS SUCIOS SE LAVAN EN CASA

¿A qué te refieres cuando hablas de identidad nacional? 

Estando en Venezuela encontraba insólito que para el mundo fuésemos drama televisivo y mujeres lindas, que no es mentira, es así, completamente de acuerdo, hay muchas personas venezolanas que son extremadamente dramáticas. Pero yo veía cosas que para nosotros eran importantes y no estaban teniendo la atención adecuada. Por ejemplo, cuando la gente piensa en el 4 de julio, en Estados Unidos, ve que sus habitantes son súper patrióticos. El 5 de julio se celebra la independencia de Venezuela, pero ese día nosotros no pasamos de poner la bandera en la puerta de la casa y ya, no existen esas celebraciones donde la gente se viste de la bandera, de los colores… 

¿Cuándo sentiste que se empezó a perder la identidad? 

Eso es algo que todavía estoy descubriendo. No es un secreto que el país ha cambiado muchísimo. Yo creo que para mí coincidió el crecimiento de Iconos Venezolanos con la inmigración. Al final el inmigrante necesita algo de qué agarrarse y el proyecto se lo estaba ofreciendo. Pero realmente yo empecé el proyecto para ustedes, los que no conocen Venezuela, y les podía parecer interesante el intercambio cultural. Ese es el verdadero inicio. 

Yo pensaba en ir a Noruega, ofrecer una exposición y ver la reacción de los noruegos con las cosas venezolanas. Era básicamente una carta de presentación para hacer intercambio cultural, ese era el primer objetivo. La cosa ha ido evolucionando, yo sé que a los diseñadores locales les gusta diseñar cosas relacionadas a su cultura, y yo quería llevarlo a algo como: nosotros les podemos ofrecer cosas y ustedes a nosotros, y al final estamos haciendo un gran mix.

¿Afectaron de alguna forma los procesos políticos al cambio cultural e identitario? 

Por ejemplo, Hugo Chávez -que no es querido por muchos venezolanos- hizo modificaciones de los símbolos patrios lo que no fue bien recibido por sus opositores. Entonces, hasta los próceres como Simón Bolívar se politizaron.. Independientemente de tu posición política, eso está mal porque es como si politizaras un símbolo religioso. Tú no puedes venerar a tu símbolo religioso con el que te identificas porque no compartes esa ideología política, es triste. 

Esa es una de las cosas que a mí también me motivó a rescatar la identidad. Me parece injusto que la gente no quisiera saber nada de Simón Bolívar, cuando él no tiene la culpa de nada, él ya hizo su trabajo. El tema de politizar estos íconos es muy triste y es algo que hemos estado tratando de combatir. Es un tema sensible, full sensible. 

Hay presión social…

Hay mucha presión social. Desde el principio, el proyecto de Íconos Venezolanos pretende ser un equilibrio. No como hace 10 años en Venezuela que era como, o estabas de un lado o estabas del otro, o eras bueno o eras malo. Tiene que haber un equilibrio, no todo puede centrarse en la posición política. 

Nosotros tenemos dos banderas: la de ocho estrellas y la de siete estrellas. La legal es la de ocho estrellas que es la que tristemente dejó Chávez. Y digo tristemente porque se creó la sensación de que la bandera de siete estrellas era la de los que estaban contra Chávez y la de ocho, la de sus partidarios. Cuando hice mi primera bandera, la hice de ocho estrellas. La idea original era llevársela a un noruego, y según Wikipedia y las leyes venezolanas, la bandera de ocho estrellas es la válida, es la que mostré. Pero desde siempre, el proyecto ha estado desligado lo más posible de la política. No queremos hablar de política. Solamente quiero hablar de mi cultura.

Lo que quiero demostrar es que no estoy a favor de ninguno, mi única labor es hablar de Venezuela, no de los trapos sucios.

¿No crees que eso los hace cultural y mentalmente más fuertes como comunidad? 

A veces tienes esas ganas de hacer algo para detener todo. Yo por lo menos ya estoy con un chip de adaptación, obviamente nos quejamos, lloramos y pataleamos pero no podemos hacer más nada. Diseñar, hacer lo que me gusta, me ha mantenido cuerdo y zen. 

EL ARTE Y EL MERCADO 

¿Cómo equilibras la idea de arte y el tratar de venderlo? 

Tengo un dilema. En redes sociales algunos íconos no tienen tanto engagement como necesitamos. ¿Cómo satisfacer a todos al mismo tiempo? Hay que ofrecer contenido súper regional a las personas de la zona. Y está el otro contenido más comercial. Si tengo ventas voy a poder financiar el proyecto. Haciendo lo que me gusta, se me abre una brecha entre lo comercial y lo original. Hay gente que es más original y no le importa tanto la viralización con tal de que la filosofía en la que creen se mantenga. 

 

INTERCAMBIO CULTURAL MODERNO, COTIDIANO Y POPULAR 

¿Por qué persistir con la identidad? ¿Hay otro objetivo después? 

Una de mis metas es poder diseñar íconos de otras culturas. Generar algo similar pero a nivel latinoamericano e integrar a otros artistas. Persistir en la identidad va desde que en Venezuela nos hemos centrado mucho en la capital, y la gente que no es de la capital queda como: ¡Y hasta cuándo! 

Admiro muchísimo a Maracaibo, uno de los estados más grandes de Venezuela, porque ellos tienen ese orgullo nacionalista muy marcado. Eso no lo veo en Caracas. Los caraqueños todos son o gringos o europeos, porque sus abuelos o bisabuelos son de allá y llegaron acá. El maracucho (gentilicio de las personas provenientes de Maracaibo) en cambio, sólo es gastronomía y la chinita (virgen). Su orgullo es orgánico y no algo impuesto. 

Como un cariño al alma…

Es irónico que lo diga, pero yo no soy tan patriota como creo que la gente debe sospechar. Lo que hago, lo hago porque me nace, como tú dices, un cariño al alma, a la cultura y la identidad. 

Samuel Schoengeberger tiene ganas de venir a Chile, conocer Santiago y la cultura chilena. Comenzará con una prueba piloto con PLAGA. Entrar y probar es su consigna. Hacer un aporte a la cultura latinoamericana en plan de  “ser latino es genial y ya”.

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